Religión e Identidad Nacional, un enfoque sociopolítico

Corría el año 1945 cuando, durante la Conferencia de Yalta (desarrollada entre el 4 y el 11 de febrero de ese año), transcurrió la famosa conversación en la que Winston Churchill le sugirió al entonces gobernante de la URSS, Józef Stalin, que el Pontífice Católico – Pío XII -podría formar parte de las negociaciones de paz tras la Segunda Guerra, a lo cual Stalin respondió: «¿Cuántas divisiones tiene el Papa?».

Difícilmente hubiera podido Stalin imaginar en ese momento que tres años más tarde el mismo Pontífice tomaría una vez más un rol preponderante frente al totalitarismo y al expansionismo comunista, anunciando que cualquier italiano católico que votase al comunismo en las elecciones parlamentarias de ese año sería excomulgado, y redoblaría la apuesta al año siguiente, cuando autorizó a la Congregación para la Doctrina de la Fe a excomulgar a cualquier católico que militara o apoyara al Partido Comunista.

¿Crisis de identidad?

En este y tantos otros sucesos modernos, podemos observar que si bien atraviesan una crisis de identidad en algunos países, las religiones continúan siendo un factor extremadamente influyente en varias de las naciones más poderosas del mundo al día de hoy.

El autor de Dios en el Siglo XXI, Iván Petrella, expone que «Es imposible comprender la dinámica interna y externa de India sin entender la interpretación particular que Narendra Modi le da al hinduismo. Es imposible entender Turquía o Indonesia sin entender el islam. Vladimir Putin recientemente cambió la constitución rusa y, entre otras cosas, fortaleció el lugar de la Iglesia Ortodoxa Rusa como sostén de la nación”. Así como es realmente difícil entender la vigencia de un partido como Prawo i Sprawiedliwość (Ley y Justicia o PiS) en Polonia al margen de los sucesos que conforman su identidad nacional y de los cuales la Iglesia Católica ha sido en buena parte artífice e impulsora.

En América: Estados Unidos

Sin ir más lejos, tenemos en nuestro continente dos ejemplos de gigantes políticos donde la religión en gran parte define el escenario político en el presente. Comenzando por los Estados Unidos donde uno de los grupos de votantes más «duros» que posee Donald Trump son justamente los Protestantes evangélicos, grupo en el cual durante las elecciones de 2016 la National Election Pool Exit Survey daba a Trump ganándole a Hillary Clinton en intención de voto por 79% a 16%. Según esa misma encuesta, los blancos evangélicos componen el 46% de la base de votantes activa de Trump, comparada con tan solo un 9% de Hillary. Lo interesante de esto es que la consideración particular de los votantes evangélicos no es precisamente por Donald Trump, quien se caracterizó por situaciones en su vida personal que no están tan alineados con un modo de vida de profundo protestantismo, sino que tiene que ver – una vez más – con el sentido de pertenencia y todo aquello que conforma una identidad. A finales de los años ’70, el movimiento evangélico dió un cimbronazo en la política estadounidense brindándole su apoyo a Ronald Reagan y al Partido Republicano, con el interés de mover el eje de este partido hacia la derecha. Desde ese entonces, la relación entre ambas instituciones (Republicanos y Evangélicos) es simbiótica.

En Brasil

El segundo caso que tenemos a nivel continental es el de Brasil. Partimos del hecho que desde el siglo XIX la penetración de los movimientos evangélicos en Latinoamérica se comenzó como consecuencia de la «Doctrina Monroe» de los Estados Unidos que se buscaba aplicar como un mecanismo para acrecentar la influencia norteamericana en su «patio trasero» y que se intensificó durante los años 50 y 60 con las «misiones de fe» y las famosas «Cruzadas de Billy Graham», ayudando así a originar el protestantismo en su variante pentecostal, que se popularizó entre las clases más bajas de países como Brasil, México y Chile. Este fenómeno de migración de fieles desde el catolicismo hacia Iglesias Evangélicas se ha profundizado en las décadas recientes, en contraposición a la creencia de que en realidad América Latina se está secularizando. Como bien marca Francisco de Santibañes, los evangélicos están impulsando agendas conservadoras en lo social y liberales en lo económico. Y estos postulados se ajustan a un proceso en curso de rompimiento entre los Estados y el orden liberal internacional que caracterizó las relaciones internacionales desde 1990 en adelante.

Tiempo de nuevos liderazgos

En mi opinión, es muy plausible que el rompimiento del multilateralismo sea profundizado por parte de las grandes potencias, en favor de un fortalecimiento nacional «A la Bismarck» (famoso por oscilar entre apertura económica y conservadurismo nacionalista de corte industrialista), donde el rol preponderante de las identidades nacionales y las religiones se va a magnificar. En el plano local, empezamos a notar una mayor presencia de votantes que no se sienten representados por el «establishment» (Frente de Todos/PJ – Juntos por el Cambio/UCR – Izquierda), y buscan su refugio ideológico en figuras antisistémicas y antiestatistas, dejando en claro que la semilla para el nuevo espacio socialmente conservador y económicamente liberal en la Argentina ya está sembrada. Será tiempo de nuevos liderazgos, donde los gobernantes deberán conciliar el reclamo de una reforma profunda reforma estatal que de no hacerse será inevitable cuando el gigante del gasto caiga por su propia insolvencia y un panorama económico-político a nivel internacional donde el país deberá fortalecer sus vínculos y su competitividad para no quedar vulnerable ni dependiente ante ninguna de las dos potencias que hoy se disputan la zona de influencia latinoamericana (China y los Estados Unidos).

No obstante, estamos ante la gran oportunidad de reivindicar la identidad nacional argentina, de convertir el espíritu de lucha y desarrollo en un estandarte de la Nación y que de una vez por toda nuestros gobiernos vuelvan a reflejar eso.

Nicolás Krapf

1 Comentario

  1. Se necesita algo tan simple como la honestidad Y la capacidad de mando..
    una política transparente
    Un líder no se construye .. surge
    La política un mal necesario? Tal vez en un par de siglos las sociedades no necesitarán gobernantes que dirijan las acciones Y libertades de cada ser.

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