Ricardo López Murphy: Los valores de la libertad (TERCERA PARTE)

Entre tantas urgencias rescatamos la vigencia de “Los valores de la libertad”, conferencia pronunciada durante la incorporación de López Murphy a la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.

TERCERA PARTE (Accedé a la primera y segunda parte aquí).

La búsqueda de la autonomía

El riesgo de una sociedad de ciudadanos sin potencial de autonomía es una constelación de clientelismo y dependencia. Por ello aun cuando a veces excede el criterio de rentabilidad económica, invertir en educación y salud preventiva tiende a formar una sociedad de ciudadanos vigorosos. La nutrición y la acumulación rigurosa de conocimientos tienen, entonces, una dimensión social a veces subestimada. Ellas crean ciudadanos, y eliminan el riesgo de las acciones de aquellos que detentan el poder de subordinar a la gente que depende de estas transferencias para subsistir. En ello es vital la participación de la mujer de modo integral en la sociedad. Lo cual asegura aún más la autonomía”, afirma.

Y detalla: “Una forma de subordinar es impedir que todos tengan acceso en condiciones parejas a las actividades sociales y económicas. Por ello la sociedad libre siempre se pone del lado del consumidor y de la demanda. Evita los riesgos de monopolio, del cartel, de la manipulación. No se trata de evitar solamente el desperdicio económico de esa forma organizativa. Debe darse un paso más si ello evita la dependencia, el control, la captura del poder. Por eso no importa solamente si el proveedor es público o privado, lo que se requieren son reglas que no generen subordinación, subsidios cruzados, negocios y poder para los amigos del gobierno”.

Por ello es muy importante delimitar también las áreas de resolución del mecanismo colectivo a emplear en aquellos sectores que no tienen componentes mercantiles, donde el criterio de la competencia es autosuficiente. No es solo una cuestión de eficiencia. Resulta vital para la democratización del poder. En última instancia es la expresión de la transparencia”, agrega.

Todos los programas de democratización han aplicado el principio de acercar las decisiones a los ciudadanos. El principio de subsidiaridad abreva este concepto que hace a la auditabilidad y responsabilidad de la gestión de gobiernos. El fortalecimiento del rol del municipio en la agenda de gobernabilidad apunta a este criterio. Allí, más que en ningún otro ámbito, los ciudadanos pueden evaluar la correspondencia entre los impuestos que pagan y la calidad del servicio que reciben”, asevera.

Con lo cual allí se ejerce con total precisión el rol de control y verificación, donde es difícil ocultar las conductas personales. Por eso hay un costo de aglomeración al construir y subsidiar grandes urbes. Se pierde el principio de vecindad tan caro a la sociedad democrática. Por lo tanto no debe subsidiarse la concentración. Las grandes urbes son muy ineficientes. No existirían sin subsidios ocultos. Algunos de ellos permiten un intolerable grado de contaminación que afecta intertemporalmente a los ciudadanos del mañana. En un marco descentralizado es difícil ocultar los subsidios”, especifica.

Por último, un tema crucial al programa de la libertad es evitar la falta de correlato en la representación. Por ello la defensa de las votaciones nominales en los parlamentos y la oposición sistemática a la delegación de facultades y a la legislación de emergencia. En ellas se pierde este testimonio y control propio de una sociedad libre”, argumenta. Los ojos de hoy añoran la mirada de ayer.

Canta María Elena Walsh:

Tantas veces te mataron

Tantas resucitarás

Tantas noches pasarás

Desesperando…

Estabilidad, paz y certidumbre

La estabilidad, la paz y la certidumbre suelen ser características asociadas a las sociedades libres. Uno de los atributos centrales de una sociedad libre es una creación colectiva como el dinero. Las funciones de éste se deterioran en inestabilidad e inflación y ella, siempre y en todo lugar ha venido asociada a desórdenes fiscales abiertos o disimulados que requieren una emisión espuria que deteriora la calidad de la unidad de cuenta”, describe.

Pocas cosas hacen a un orden social avanzado como poseer un marco fiscal y monetario de disciplina. La moneda sana es un atributo de la libertad y el desarrollo. La experiencia europea es indicadora y madura. En la construcción colectiva de la moneda común se inscribió la elaboración de un orden social superior. No existe nada más reaccionario que el impuesto inflacionario. Su carácter no legislativo, su incidencia sobre los más pobres, la opacidad contable que genera, ilustra las sociedades en decadencia, en su cohesión y libertad”, detalla.

…A la hora del naufragio

Y la de la oscuridad

Alguien te rescatará

Para ir cantando…

Prosigue la alocución y nos toca de lleno: “Las sociedades abiertas y libres se integran al mundo. Entre otras virtudes poseen concepto de frontera, propio de la libertad, en la cual la variedad y movilidad de bienes y servicios, tecnología y recursos es una parte inescindible. Por otro lado, ello es un mecanismo de control y de incentivos formidables a la democratización y a evitar que la dimensión geográfica sea una excusa para la concentración del poder. La propia competencia exterior y el rol complejo de la institucionalidad de los acuerdos internacionales, es también un límite creciente al exceso de poder dentro de las fronteras nacionales”.

Finalmente, la inserción internacional implica, desde una agenda liberal, paz y libertad. La sociedad libre, el auspicio al comercio, el cumplimiento de los acuerdos multilaterales y de las reglas establecidas para zanjar diferencias, el acatamiento a las cortes internacionales, propenden a crear un clima positivo y pacífico”, lo pensemos a la sombra de los escándalos internacionales de Fernández y Solá.

Porque “No hay entorno más favorable para el crecimiento que la paz, y para que esta fructifique, la mejor opción es la de la sociedad libre. Por eso el programa de la libertad propone el desarrollo integral del multilateralismo y de sus organismos internacionales”.

Los contendientes históricos

La competencia del orden de la libertad ha tenido dos adversarios básicos en la modernidad. Estos son el corporativismo (encarnado por ejemplo en el fascismo y el nazismo) y el colectivismo comunista. Una combinación realzada de ambos es el populismo latinoamericano”, define.

Ambos sistemas no prevalecen hoy en ninguno de los países de ingresos altos del mundo y no conforman una amenaza a las sociedades libres, salvo en las sociedades atrasadas y frustradas. Ello no obsta en señalar el peligro por su carácter cómplice con el crimen organizado y las acciones terroristas”, añade.

Un rival más reciente es el fanatismo religioso y su versión del Estado teocrático. Sin subestimar su gravedad, debe señalarse que ha prevalecido sólo en países atrasados y de menor desarrollo económico. El riesgo mayor en este caso, es para las propias poblaciones como alimento para el accionar terrorista y por la posibilidad de acceso a las armas de destrucción masiva. No configuran, en mi opinión, una utopía atractiva en el imaginario colectivo”, señala.

Ahora bien: ¿Cuál es el punto de partida para defender al programa de la sociedad libre frente a sus rivales: El corporativismo y el colectivismo? A nuestro entender, la defensa del programa de la sociedad libre no comienza por lo abstracto. Debe compararse con los ejemplos reales de sociedades alternativas. Así, la experiencia del socialismo real, como del experimento nacional-socialista o fascista, deben ser referentes ineludibles de comparación. Sólo en ese caso se aprecia el costo cabal de una sociedad colectivista o corporativa. Los costos en libertad, vidas humanas, propiedad y calidad ambiental fueron catastróficos en todos los casos”, detalla con certeza.

En gran medida cuando se supo, y solo entonces, qué había pasado realmente en Europa oriental, solo allí se tuvo conciencia que la revolución bolchevique de octubre fue una catástrofe de colosales dimensiones”, ejemplifica.

Asimismo la experiencia trágica de los regímenes nazi y fascista ha testimoniado sobre las implicancias de la visión corporativista o del énfasis racial. Sobre estas previsiones se construyen los holocaustos y los genocidios”, asevera.

Por ello, la argumentación de la cosmovisión de la sociedad libre no se puede articular sólo sobre la eficacia y la tolerancia, sino sobre una visión integral de los derechos humanos y qué tipo de sociedad asegura de manera más integral su respeto y cautela”, brillante perspectiva de los derechos humanos vinculados a la sociedad toda.

Un descubrimiento trágico adicional en la Europa oriental después de la caída del muro de Berlín fue el enorme deterioro ambiental allí verificado. La falta de libertad, de transparencia, de pluralismo y de opinión se había traducido en una gran degradación del medio ambiente, cuyo testimonio más dramático fue la catástrofe atómica de Chernobyl. El medio ambiente, como así también los caladeros, han sido un fracaso de la propiedad común”, sentencia.

La ausencia de derechos de propiedad genera degradación y depredación, así como destrucción de la renta. Debe comprenderse que se asegura con la presencia de la propiedad privada la preservación de los recursos para continuar aprovechándolos. Los derechos de propiedad le otorgan intertemporalidad. La propiedad colectiva genera miopía, liquida al futuro. Esta destrucción de la propiedad privada se comporta como si pudiéramos trasladarles a las generaciones futuras la descapitalización”, explicita.

Añadiendo más conceptos a la excelencia de la disertación, afirma: “Por ello la clave de la libertad es generar derechos de propiedad, y sobre todo muchísimos propietarios, soberanía e intertemporalidad. Si no es posible ese arreglo institucional se requiere una solución regulatoria que se comporte como si fuera de ese tipo”.

Por último, nada es más antinatural en una sociedad libre que el privilegio. La mejor forma de observar el orden social alternativo es el peso que en el destino individual tiene el soberano. La sociedad desigual y monárquica implica estar cerca del príncipe. Ello puede tomar la forma de comité central o el “buró” político de los partidos totalitarios de los siglos XX y XXI, o pertenecer al grupo político que hegemoniza el poder, en las andanzas populistas”.

¿Cuál debe ser la propuesta que deviene de estos valores?

Modestia frente al conocimiento y actitud crítica. No somos los dueños de la historia, ni tenemos el saber universal.

Fuerza en la defensa de los valores.

Reafirmar la superioridad del orden espontáneo de la libertad por su adaptación, sus valores y la superioridad productiva.

Realismo antropológico: No somos ni ángeles (Rousseau) ni diablillos (Tomas Hobbes), ni tampoco un lienzo en blanco (Platón).

Se debe tomar al hombre tal cual es y no como se lo posiciona en la utopía totalitaria. No hay paraíso en la Tierra. No creemos en “el hombre nuevo del Che Guevara”.

El orden es para proteger la libertad, por eso la división de poderes y la libertad de prensa. El riesgo avieso de la tiranía numérica, que no respeta el marco republicano, debe tener límites claros como se establece en nuestra Constitución.

La clave es una sociedad civil fuerte (Alexis de Tocqueville), y crear las condiciones para su expresión.

Enfrentar con decisión la tentación del riesgo del tribalismo, la búsqueda de seguridad y el caudillaje. La libertad implica riesgos, estos traumas y reacciones están al acecho, como lo vemos en EE.UU., Europa y lo hemos sufrido en nuestra patria.

La libertad requiere un combate cultural. No se nos da por añadidura.

El programa de la libertad es la cuestión de los medios. No hay fines legítimos para medios espurios.

En lo específico el programa debe ser:

Dinámico: Sólo un crecimiento alto crea las oportunidades que evitan las miserias y el anacronismo.

Inclusivo: Nadie debe ser dejado atrás en el olvido.

Sostenible: No sólo ambiental y presupuestariamente, también cultural y socialmente.

La clave es la formación y elevación del capital humano (nutrición, salud y educación).

Procurar la integración productiva y cultural al mundo como la forma más eficaz de reducir la pobreza.

Fortalecer la rendición de cuentas de los gobernantes para lograr una buena gobernanza. Defender como una gran prioridad la libertad de información, opinión y prensa libre.

Proteger los derechos humanos en su integridad en el mundo, sin hemiplejias”. “Este es el programa del progreso y la prosperidad que alguna vez defendí en el ámbito agonal en las instancias electorales. Lo hice en el contexto de una cultura dominada por el corporativismo, la xenofobia, la intolerancia y, en muchos períodos, por la vocación por una lucha fratricida”, recuerda.

Concluye con estas magistrales palabras: “Vale la pena, espero haberlos convencido, como lo he estado en mi caso, que batallar por la defensa de la libertad, a pesar de todas las dificultades, es una de las grandes epopeyas humanas”.

Cantando al sol como la cigarra

Después de un año bajo la tierra

Igual que sobreviviente

Que vuelve de la guerra…”

Fuentes: LopezMurphy-D-16.pdf (ancmyp.org.ar). Canción “Como la cigarra”, por María Elena Walsh

Marcela Zadoff
Lic. en Letras Modernas de la Universidad Nacional de Córdoba. Redactora. Editora. Experta en Comunicación Institucional

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