¿Somos lo que fuimos? ¿Seremos lo que somos?

Lo que somos..

Estamos viviendo tiempos de mucha incertidumbre, con falta total de certeza acerca del futuro de nuestro país. Esto es riesgoso, o como minimo, provoca miedo e inseguridad. Más allá de la ideología que tengamos, es innegable que los grandes líderes políticos tienen una notable influencia en el éxito o fracaso de un país, entendiendo estos conceptos como el desarrollo sustentable de la calidad de vida las personas.

Ahora bien, ¿cómo influyeron los liderazgos políticos históricos de nuestro país en el desempeño del mismo? ¿Heredamos las consecuencias de sus decisiones y políticas publicas? En fín, ¿somos en la actualidad lo que el conjunto de nuestros líderes políticos alguna vez fueron? Responder estas y algunas otras preguntas es el objeto de este artículo, cuyo fin es crear conciencia acerca del impacto que tienen las decisiones políticas en el corto plazo, pero fundamentalmente en futuro lejano del país. Por eso los invito a que mientras leen estas palabras, vayan realizando una analogía en sus mentes en relación a la actualidad del país y la forma de hacer política.

Lo que fuimos..

Hablar sobre liderazgo no es tarea fácil, puede tener tantas definiciones como personas aborden el tema, por lo que será necesario definir el concepto para tratarlo con mayor grado de profundidad. Entendemos al líder como aquella persona que posee las siguientes características:

  • Tiene un ideal, que es externo a sí mismo.
  • Posee y expresa valores.
  • Su gente lo sigue libremente.
  • Exige adhesión a su persona, es decir, a la causa que representa.

Mientras que el líder logra su autoridad de abajo hacia arriba, el dirigente es puesto desde arriba, no exige adhesión a su persona, y se rige en términos de eficacia y reglas. En síntesis, el líder nace, el dirigente se hace. Es importante mencionar que, aunque pueda parecer extraño, el liderazgo es concebido en ambientes, es decir, puede existir un gran líder político que no sea un líder en otros espacios donde participa, por ejemplo.

Cuando analizamos la política en sí misma, podemos observar que la participación estuvo siempre condicionada por la pertenencia a un grupo militar, es decir, gracias a la capacidad de defender al pueblo del ataque de otra nación. Napoleon, Alejandro Magno, y muchas otras figuras forman parte de este fenómeno. Asimismo, el Estado, en su rol de impartir justicia, poseía un soberano conocido por todos como rey, quien al morir, dejaba herederos que se encargarían de seguir acumulando poder. En este sentido, hablamos de una política privada, en donde las decisiones se tomaban entre muy pocas personas y el Estado era representado por una familia, siempre.

El surgimiento del periodo llamado “Ilustración” trajo consigo diversos cambios en la concepción de la política, entre muchas otras cosas. De esta forma, emerge una nueva clase social que exige derechos políticos, la burguesía. En Argentina, podemos apreciar estas transformaciones a lo largo de la historia de nuestro país, con los liderazgos militares de Liniers, Alzara y Pueyrredón, y los liderazgos cívicos de Rosas, Yrigoyen y Perón.

El 6 de diciembre de 1829, la Legislatura de Buenos Aires, por 32 votos sobre 33 representantes, eligió Gobernador por tres años a Juan Manuel Ortiz de Rosas “con las facultades extraordinarias que el nuevo gobernador juzgue indispensables”. “Rosas llega al gobierno liderando un amplio frente político”, dice Feinmann en Filosofía y Nación. “Lo apoyan, en efecto, los estancieros saladeristas, a los que se encontraba ligado de modo inmediato, la clase ganadera del litoral no porteño, los jefes federales del interior mediterráneo, la burguesía mercantil, sumándose también en forma cada vez más intensa y decidida, las peonadas, los gauchos y los negros, cuyos favores había sabido ganarse Rosas desde siempre”. Es importante apreciar como “el Restaurador” logra obtener el apoyo de muchos y más variados sectores sociales, quienes, buscando la paz y prosperidad, veían en Rosas al hombre capaz de liderar esta etapa de la historia argentina. Según Santiago Vázquez, el enviado uruguayo a la asunción de 1829, Ortiz de Rosas no quería que se lo considerase enrolado en un bando político; en esa noche le dijo: “Creen que soy federal; no señor, no soy de partido alguno, sino de la Patria”.

Más adelante, una vez ya instaurada la Constitución Nacional, vienen grandes estadistas, con nombres y figuras imponentes que realizaron avances significativos en la consolidación de la República: Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca. Ellos tomaron decisiones influyentes en épocas de incertidumbre, logrando la institucionalización del Estado. Así, atravesamos luego un periodo de “liderazgos no gigantes”, de menor renombre, probablemente debido que fue una época de prosperidad y crecimiento para el país. Entre estos presidentes encontramos a Quintana, Pellegrini, de la Plaza, y Uriburu. Según Micael Mulhall, en 1895 el ingreso per cápita de Argentina igualaba el de Bélgica, Alemania y Holanda, superaba a Austria, España, Italia, Suiza, Suecia y Noruega, y estaba por debajo de Australia, Estados Unidos y Canadá. Cuando en 1910 la Argentina celebró el Centenario era el primer exportador mundial de trigo, dejando atrás a Rusia y Estados Unidos, y los envíos de maíz al exterior superaban en mucho a los países danubianos. En la exportación de carne, Argentina detentaba el primer puesto mundial, sobre Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda, y tenía el segundo puesto, después de Australia, en lanas y carne congelada.

La Unión Cívica, luego Unión Cívica Radical, nace luego del “unicato” de Juárez Celman, cuando fuerzas civiles y militares encabezadas por Leandro N. Alem y el General Manuel J. Campos se acantonaron en el Parque de Artillería, alrededor de la actual Plaza Lavalle, y proclamaban a Alem como Presidente Provisional. Su “Manifiesto” expresaba: “No derrocamos al gobierno para derrocar hombres y sustituirlos en el mando: lo derrocamos porque no existe en su forma constitucional; lo derrocamos para devolver al pueblo, a fin de que el pueblo lo reconstituya sobre la base de la dignidad nacional y con la dignidad de otros tiempos, destruyendo esa ominosa oligarquía de advenedizos que ha deshonrado ante propios y extraños las instituciones de la República”. Los radicales tendrían en 1916 al primer presidente electo en comicios libres y con voto universal, Hipólito Yrigoyen, según Eduardo Mallea “supliendo una gran necesidad civil de decencia contra muchos años de explotación y fraude. Nadie pensaba en su medro personal. Era una cuestión de limpieza y honor. Era un movimiento de conciencia, de corazón, de alma”.

En los años treinta, luego del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen, la crisis económica y política se afincó en el país. La primera duraría poco. En cambio, la segunda, abrió una etapa en la que se sucedieron los golpes militares y “revoluciones” que pusieron entre paréntesis el consenso liberal.

La crisis económica mundial, el ascenso de los movimientos ideológicos totalitarios en Europa, repercutieron en la vida política en Argentina, conectándose con las tradiciones locales. Crecientemente, los espacios educativos y culturales se dividieron a raíz de la lucha política.

Distintos sectores intentaron reformar el modelo educativo en concordancia con sus perspectivas ideológicas. Las corrientes nacionalistas, liberales y de izquierda lucharon a raíz del contenido otorgado a los planes educativos, los métodos pedagógicos y la formación docente. Pero fueron los sectores nacionalistas quienes predominaron en la conducción de la educación.

Estos grupos proponían una organización corporativa de la sociedad, se oponían a la democracia y creían que la solución a la crisis radicaba en un orden asentado en las instituciones tradicionales –la nación, la familia y las agrupaciones profesionales- y en una sociedad jerárquica. En consonancia, la reforma de la educación tuvo un lugar destacado en el intento nacionalista de reformular la sociedad argentina.

Y en este contexto llegamos al periodo posterior a la finalización de la Segundo Guerra Mundial, cuando Perón triunfó en las elecciones con el 52 por ciento de los votos y asumió la Presidencia de la Nación el 4 de junio de 1946. Ya en el Gobierno fundó el Movimiento Peronista y comenzó una gestión de fuerte preocupación nacional y social.

En 1949 se reformó la Constitución Nacional mediante elección democrática de constituyentes y se incorporaron al máximo texto jurídico los nuevos derechos sociales, como también el voto femenino, que había sido aprobado en 1947, que reivindicaba a la mujer hasta entonces marginada de la vida política argentina. Además, en 1953 Perón planteó, en diversas exposiciones públicas, su pensamiento sobre la política exterior basada en los conceptos de “continentalismo” y “universalismo” con proyección al siglo XXI. Tomó las primeras decisiones concretas encaminadas a impulsar la integración latinoamericana y propuso a Chile y a Brasil echar las bases de una unión subregional que se denominaría ABC. Este proyecto es el antecedente del actual MERCOSUR instalado 30 años después. Juan Domingo Perón muere el 1º de julio de 1974, mientras estaba en ejercicio constitucional y democrático de la Presidencia de la Nación por tercera vez.

Lo que seremos..

La historia argentina es sin duda corta pero apasionante, con cientos de personalidades que influyeron en la dirección que fue tomando nuestro país. Muchas veces esta dirección fue caótica, liderada por buscadores del bien personal, pero muchas otras conducida por grandes líderes que pusieron a la Patria por delante de todo, asumiendo la responsabilidad de servir a los demás.

Haciendo una analogía y recapitulando lo desarrollado en este artículo, cada vez tengo más certeza, o menos incertidumbre, de que la historia es pasado, pero también presente y futuro. Somos lo que fuimos, y seremos lo que somos. Ahora bien, parece no muy alentadora esta frase, pero creo firmemente que podemos cambiar lo que somos, con trabajo, esfuerzo y compromiso, pero sobre todas las cosas, con honestidad. El liderazgo autoritario y poderoso de Rosas no se distancia mucho de la actual forma de hacer política, tomando decisiones unilaterales sin debatir ni consensuar con otros partidos políticos, y ni siquiera con otros miembros del propio partido.

Es necesaria la participación activa de la sociedad, pero no de la sociedad como entidad abstracta y simbólica, sino de cada uno de nosotros, personas que estudian, trabajan, tienen familia, hijos, nietos, que tienen sueños y luchan por ellos, que se preocupan por lo demás y les duele la pobreza, el hambre y indignidad en la que vive muchísima gente. A ustedes los convoco, a que nos arremanguemos y trabajamos por hacer del país un ejemplo de servicio y tolerancia, a que transformemos las diferencias en una misión común en la que todos estemos involucrados, a que aquí en Argentina, “el otro” deje de ser “el otro” para que sea un hermano hijo de la misma Patria.

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