Vladimir Putin aseguró que no se vacunará contra el coronavirus

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, prometió hoy que se vacunará “sin falta, apenas sea posible”, contra la covid-19, en su tradicional rueda de prensa anual, que este año se celebra de manera telemática debido a la pandemia del coronavirus.

Yo atiendo a las recomendaciones de nuestros especialistas y por eso por ahora no me he puesto la vacuna, pero lo haré sin falta cuando sea posible”, dijo Vladimir Putin al contestar a un pregunta sobre si había vacunado.

Explicó que la vacuna que se emplea en la campaña de vacunación el país, la Sputnik-V, está aprobada para un determinado grupo de edad, de 18 a 60 años: “A la gente como yo la vacuna todavía no llega”, dijo Putin, que el 7 octubre pasado cumplió 68 años.

Indicó que la pandemia de covid-19 ha causado un “mar de problemas”, que Rusia -subrayó- “ha afrontado con dignidad”. “En parte, quizás, mejor que en otros países que con razón están orgullosos de su economía y del desarrollo de sus servicios sociales y sistemas sanitarios”, agregó el presidente ruso.

Vladimir Putin destacó que “en el mundo no había ningún sistema sanitario preparado” para hacer frente a la pandemia del nuevo coronavirus y que el sistema ruso “resultó más eficaz en comparación con los de otros países”.

Además indicó que si al comienzo de la pandemia contra el coronavirus luchaban 8.300 médicos, actualmente son 150.000 gracias a los programas de perfeccionamiento y a la readecuación de los hospitales para tratar a los pacientes con covid-19.

En este sentido, destacó la capacidad de Rusia para “movilizar recursos rápidamente”. A día de hoy en Rusia han muerto 49.151 personas de covid-19 y el país, con un total de más de 2,7 millones positivos por coronavirus, ocupa el cuarto lugar en el mundo por número de contagios detrás de Estados Unidos, la India y Brasil.

Los dos despachos de Vladimir Putin

El despacho de Vladimir Putin en su residencia oficial de Novo Ogarióvo, a las afueras de Moscú, con su sillón de color crema y una amplia mesa de madera oscura, se ha convertido en una de las imágenes de la pandemia de coronavirus en Rusia. El presidente ruso, que ha recortado sus viajes y eventos al máximo y ha pasado confinado casi todo el tiempo desde primavera, ha atendido desde allí cientos de videoconferencias —emitidas convenientemente en la televisión pública— y recibido un puñado de visitas controladas. Ahora, una investigación periodística ha revelado que ha construido otro despacho idéntico al de Moscú pero en su residencia de Sochi, en la costa del mar Negro, para ocultar su ubicación y restar suspicacias en un tiempo de crisis.

El tema ha causado polémica en el país, donde en los últimos tiempos ha habido otras informaciones sobre la opaca vida privada de Vladimir Putin, detrás de las que algunos comentaristas y kremlinologistas ven una lucha de poder de las élites. Con algo de sorna, muchos rusos juegan ahora a buscar las diez diferencias en las fotografías de la oficina del líder ruso. Mientras, el Kremlin ha tachado de ridícula la información. “No hay dos despachos idénticos. El presidente tiene muchos despachos en diferentes ciudades, los usa y se ve todo”, ha insistido a la agencia Ría su portavoz, Dmitri Peskov, que rechazó hablar de los viajes y movimientos del líder ruso apuntando que se consideran información clasificada por razones de seguridad. Peskov ha acusado también a una mano negra de divulgar “especulaciones” sobre la salud y la cotidianeidad del presidente.

Pero fueron los registros de vuelo públicos y su comparación con los datos oficiales de las visitas y la agenda de reuniones del presidente ruso, lo que llevó al medio especializado en investigación Proekt a trazar la ubicación del mandatario en su retiro de Sochi cuando se había informado que estaba en su residencia de Novo Ogarióvo. En las fotografías o videos, sin embargo, se le ve sentado en un sillón como el de la casa de las afueras de Moscú, o conversando en una mesa anexa con la bandera rusa de fondo y un sobrio juego de escritorio con el escudo del país. Proekt ha contado —citando tres fuentes anónimas, una de ella, el gerente de una de las empresas estatales— que esto se debe a que se ha instalado una oficina gemela en la residencia de verano de Bocharov Ruchey, en la ciudad balnearia.

Durante la pandemia de coronavirus, que en Rusia ha causado casi 50.000 muertos y ha infectado a 2,7 millones de personas, los periodistas habituales que cubren todos los eventos del Kremlin ya no siguen al milímetro al líder ruso, que también ha menguado sus entrevistas. Para encontrarse cara a cara con Putin en alguna de sus residencias-búnker, que se han equipado con túneles de desinfección de fabricación rusa, hace falta pasar al menos dos semanas de cuarentena, según revelaron otras investigaciones hace unas semanas. Esto habría hecho más sencillo para el presidente mantener su ubicación en la oscuridad y quedarse cerca del mar Negro en lugar de la capital rusa, donde se mueve todavía y pese al virus toda la vida política rusa y donde está localizado el operativo de lucha contra la covid.

Mientras algunos ciudadanos, en las redes sociales, tratan de desentrañar si es una oficina u otra, si uno de los sillones beige es más blando que otro, o un poco más claro, o si los paneles que recubren la pared son distintos, analistas observadores políticos han señalado que las sucesivas informaciones sobre las interioridades del Kremlin pueden revelar algo más que las oficinas gemelas de Putin. “Es posible que parte de esas filtraciones estén relacionadas con las luchas de las élites, que se ven inevitablemente exacerbadas por la recesión económica”, comenta María Lipman, asociada del programa Eurasia de la Universidad George Washington, que destaca que el periodismo de investigación ha florecido en los dos últimos años en Rusia, incluso pese al incremento del escrutinio y el cerco de la Administración.

Hace un par de semanas, otra investigación, esta vez de IStories y OCCRP (proyecto para informar sobre el crimen organizado y la corrupción) reveló los supuestos negocios secretos y cómo se había enriquecido el exyerno de Putin cuando aún seguía casado con su hija menor, a raíz del acceso a miles de correos y documentos. No mucho antes, un extenso reportaje habló sobre una supuesta hija secreta. Otro, sobre sus presuntos problemas de salud.

Edgardo Marano

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