¿Y si no quiero qué?: una realidad pandémica cruzada por derechos constitucionales en pugna

En la República Argentina se viven momentos candentes respecto de un Aislamiento Social Preventivo Obligatorio que se prolonga cada vez más sin tener certeza alguna de su fecha de término.

Ni bien el Estado Nacional, a través de la figura presidencial Alberto Fernandez, se funda en buenas intenciones basadas en la ponderación de la salud pública, la sociedad comienza de a poco a ceder ante las pasiones que despierta los pesares de la economía.

Por un lado, los más afectados de esta crisis pandémica son aquellos trabajadores que no son considerados como esenciales.

Los mismos se encuentran en Aislamiento desde el comienzo de la cuarentena, y sus actividades han cesado de tal manera que en la actualidad ya son muchos los que no perciben sus salarios.

Algunos de ellos reciben el salario propio de la Asignación Complementaria al Salario.

Otros ni eso, al estar no registrados apenas encontraron algún refugio plegándose al Ingreso Familiar de Emergencia.

Por otro lado, nos encontramos con los rubros que son considerados esenciales y que, por ende, adoptando protocolos sanitarios adecuados pueden llevar a cabo sus actividades.

Sin embargo, la baja en el consumo y en la economía afecta en gran maneraincluso a aquellas actividades que se encuentran exceptuadas del Dto. 297/20.

Finalmente, aquellos que no se ven afectados en el aspecto económico de su actividad, se verán inmersos en una economía que de seguir así va camino a una hiper inflación y devaluación de su moneda dura.

¡En pandemia no hay ganadores, todos somos perdedores!

El mundo está corriendo a contra reloj para encontrar la cura y/o vacuna del COVID-19, sin embargo, el tiempo corre y la paciencia de muchos ciudadanos se desmorona.

Algunos profesionales empiezan a advertir a futuro los daños en la salud colaterales que tendrá esta pandemia.

Esto tiene que ver con la insurgencia de patologías psicofísicas propias del confinamiento.

No obstante, el principal motor de movilización está siendo el económico.

Muchas personas que ven como sus ahorros se consumen, o como se ven privadas de valerse del sustento mínimo diario empiezan a cuestionar no las medidas en sí, pero sí su prolongamiento.

En tal sentido ocurrió recientemente una protesta de los denominados “anticuarentena” que llevan al extremo el pesar de muchos ciudadanos responsables, que emiten su opinión, pero no ponen en peligro la integridad y la salud pública de la sociedad.

Es entendible que, en tiempos de pos verdad, la gente sospeche incluso de los organismos oficiales acerca de la veracidad de ciertos datos.

Pero ciertamente, lo que en el trasfondo hay es una pugna de derechos constitucionales.

El derecho de a la salud y el derecho a la libertad ambulatoria. Ambos son importantes, pero su prelación se hace muy difícil.

¿Cuál es el termómetro para medir la ponderación de uno u otro? El derecho constitucional esencial, el derecho a la vida.

La realidad es que Argentina como todos los países del mundo deben empezar a trabajar como hacer coexistir a estos derechos en pugna de modo que la garantización de uno no sea la supresión del otro.

Es hora de empezar a adelantarse al tiempo, y empezar a concebir y trabajar consecuentemente en la nueva normalidad.

Seguir esperando no es una buena opción.

El mundo ha de cambiar después de la pandemia.

Sergio Rodríguez
Abogado, especialista en Relaciones Individuales del Trabajo, recibido en la Universidad de Buenos Aires. Docente universitario y escritor doctrinal de varias editoriales jurídicas del país. Se desempeña como abogado en el Estudio Jurídico Leguizamon-Rodríguez.

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